Está claro que hay gustos para todo y que hay grupos que a nadie dejan indiferente: o te encantan o los odias. Pero dejando gustos musicales a un lado hay cosas que son indicutibles. En un tiempo en el que la industria musical está tan desvirtuada, que las descargas están a la orden del día y que es necesario establecer un nuevo modelo de negocio en este sector, hay músicos que se deben a su público, que editan discos a precios populares ofreciendo a sus seguidores siempre algo nuevo, distinto, que dan conciertos accesibles para cualquiera y se entregan totalmente en cada uno de ellos.
El pasado 7 de junio, Vetusta Morla ofreció un auténtico regalo para algo más de un centenar de personas: un acústico, en exclusiva y gratuito, para presentar su nuevo disco. Tras sonar los primeros acordes de una de las canciones quizá más conocidas antes de que el disco saliera a la venta, los vetustos (dicho con todo el respeto) ya tenían a toda la audiencia en su bolsillo. Tras su Maldita dulzura y En el Río vinieron otros de los temas que conforman este segundo y muy esperado trabajo de los madrileños. Fue casi una hora en la que hubo espacio hasta para un pequeño apagón, que no consiguió callar la voz y los instrumentos de sus Mapas.
Como regalo, para terminar, después de volcar toda su energía en El hombre del saco, accedieron a una muy especial petición de todos los que allí estábamos asistiendo a una noche tan cercana a todos ellos… llegaron las notas de Copenhague.
Y así, tal y como llegaron se marcharon, pero dejando todavía resonando en nuestros oídos un disco lleno de postales sin sellar.