Mapamundi

9 jun

Está claro que hay gustos para todo y que hay grupos que a nadie dejan indiferente: o te encantan o los odias. Pero dejando gustos musicales a un lado hay cosas que son indicutibles. En un tiempo en el que la industria musical está tan desvirtuada, que las descargas están a la orden del día y que es necesario establecer un nuevo modelo de negocio en este sector, hay músicos que se deben a su público, que editan discos a precios populares ofreciendo a sus seguidores siempre algo nuevo, distinto, que dan conciertos accesibles para cualquiera y se entregan totalmente en cada uno de ellos.

El pasado 7 de junio, Vetusta Morla ofreció un auténtico regalo para algo más de un centenar de personas: un acústico, en exclusiva y gratuito, para presentar su nuevo disco. Tras sonar los primeros acordes de una de las canciones quizá más conocidas antes de que el disco saliera a la venta, los vetustos (dicho con todo el respeto) ya tenían a toda la audiencia en su bolsillo. Tras su Maldita dulzura y En el Río vinieron otros de los temas que conforman este segundo y muy esperado trabajo de los madrileños. Fue casi una hora en la que hubo espacio hasta para un pequeño apagón, que no consiguió callar la voz y los instrumentos de sus Mapas.

Como regalo, para terminar, después de volcar toda su energía en El hombre del saco, accedieron a una muy especial petición de todos los que allí estábamos asistiendo a una noche tan cercana a todos ellos… llegaron las notas de Copenhague.  

Y así, tal y como llegaron se marcharon, pero dejando todavía resonando en nuestros oídos un disco lleno de postales sin sellar.

Street Photography

25 mar

Siempre me he sentido atraída por la fotografía. Encuentro fascinante esa habilidad de algunas personas para captar momentos emotivos, sorprendentes o incluso divertidos. Y aún más que las exposiciones de fotografía me gustan los documentales que suelen acompañar esas exhibiciones en los que el fotógrafo (o fotógrafos) en cuestión explica cómo consiguió cierta imagen, ya haya sido fruto del azar o de un estudio previo. Creo que estas pequeñas valoraciones de sus autores les dan un valor especial a las imágenes, de forma que es como si vieras esa foto de nuevo pero, al mismo tiempo, es como si la vieras por primera vez, con otros ojos, con otra mente, con otro corazón, incluso. Precisamente es lo que me ha pasado hace unas horas tras visitar la exhibición “London Street Photography” del Museum of London. Esta retrospectiva, que estará expuesta hasta primeros de septiembre (si tenéis la posibilidad de visitar Londres durante estos meses no os la perdáis), muestra cómo eran las calles de la capital inglesa desde mediados del siglo XIX hasta hoy, con la posibilidad de ver cómo han cambiado lugares tan emblemáticos como Brick Lane, Oxford Street o Picadilly Circus.

Pero lo que sin duda más me ha llamado la atención de todo este recorrido ha sido la reflexión sobre la fácil que resultaba antes para estos fotógrafos captar a diferentes personas por las calles en sus quehaceres diarios y lo difícil que puede ser ahora hacer una foto de un niño, sin ir más lejos. Hoy por hoy, nuestra imagen es uno de nuestros valores más preciados, algo que ha desatado más de un debate sobre los términos de privacidad y derechos de imagen que algunas normas de ciertas redes sociales parecen vulnerar. Algo terriblemente condenado por las celebrities que cada día sufren el acoso de los paparazzis. Pero, ¿qué ha sido de la espontaneidad, del valor de tomar una foto de un momento especial o bello, de captar un momento justo en el instante en que sucede? O lo que es más importante, si en el pasado hubieran existido tantas reacciones adversas a que alguien tomara una foto no sería posible conocer con tanto detalle cómo eran los trajes o las actitudes de esas épocas.

Aún así, hoy en día estamos preocupados por quién será el destinatario final de una foto nuestra o en qué página web podría acabar colgado nuestro rostro. Internet permite que una imagen pueda ser vista en cualquier rincón del mundo. Personalmente me gusta que me hagan fotos, soy bastante fotogénica (modestia aparte y para gustos colores) y encuentro divertido tener fotos de diferentes lugares y momentos que he visitado y vivido, pero he de reconocer que si un desconocido me preguntara por la calle si me parece bien que me haga una foto recibiría una negativa por respuesta. Eso sí, mañana me compro una cámara.

Todo es culpa de Internet

15 feb

Reconozco que nunca me había considerado una persona muy “tecnológica”. Empecé a taner móvil más tarde que el resto de mis amigos porque me negaba a estar localizada en todo momento (ahora puedo sufrir una crisis de ansiedad si me doy cuenta de que lo he olvidado en casa o me quedo sin batería), prefiero ir a una biblioteca o a la Cuesta de Moyano antes que hacerme con un e-book (aunque la mayoría de los artículos que leo hoy en día son a través de Internet), mi cámara de fotos la compré porque tenían una buena oferta y me gustaba el color (aunque moriría por una réflex digital). Sin embargo, desde que me aficioné a las redes sociales y, algo más tarde, cuando fui consciente del poder y el protagonismo de la comunicación online, considero que soy una persona con más ganas de estar al día de todo lo que sucede en la Red.

Tengo Facebook, Twitter, Tuenti (aunque me pille un poco fuera de mi edad, pero sólo un poco) y ahora este blog. Tengo un iPhone, que me regalaron, pero que me encanta, y ahora tengo la tentación de comprarme esa cámara digital en condiciones de la que hablaba y de apuntarme a un curso de edición de vídeo por ordenador para poder hacer mis propias piezas y colgarlas en mi propio sitio web.

Encuentro miles de ventajas en el uso de Internet, sin embargo, estoy tomando consciencia de algo que me lleva sucediendo en casi cualquier aspecto de mi vida: mi falta de concentración. Y precisamente hace unas semanas, leyendo un artículo online (como no podía ser de otra manera) descubro que todo podría ser culpa de la Red. Estamos sometidos a tal cantidad de información al día que resulta casi imposible centrarse en hechos que requieran de mayor profundidad, ya sea por su longitud o por la densidad de su contenido (debe de ser por eso por lo que tendrán tanto éxito Sálvame, Princesas de barrio o GH).  Precisamente el otro día leía una entrevista con… (lo siento, pero mi falta de concentración me impide recordarlo, pero era en El País, eso sí lo recuerdo ;P) en la que el entrevistado decía que había notado cómo cada vez le resultaba más difícil concentrarse en textos largos y alertaba sobre el peligro de que nuestra sociedad pierda el pensamiento profundo por la inmediatez de la información. Esta reflexión me hizo pensar… ¿estamos condenados a sustituir los largos artículos de opinión y reflexión por pequeños flashes de información fugaz y superficial? ¿O es un privilegio tener una charla a través de Twitter sobre un tema con diversos y distintos públicos a los que de otro modo no tendríamos acceso?

No estoy muy segura de qué será lo mejor pero , por el momento, creo que voy a centrarme un poco más en no sustituir mi libro de cabecera por los 50 posts que puedo leer antes de ir a dormir.

Desagregada

26 ene

Ayer fui consciente de la importancia casi vital (bueno sí, soy un poco exagerada, pero es parte de mi encanto) que tiene Facebook en mi vida. Alguna de las personas que me conozca bien y esté leyendo esto pensará: “qué novedad”. Reconozco que estoy bastante enganchada a esta red social, es más, no me avergüenzo de ello, de hecho, quiero que forme parte de mi futuro laboral, pero no era consciente de la importancia que le concedía a este pequeño patio de vecinos hasta que ayer descubrí… ¡que alguien me había eliminado como amiga! ¿Quién puede cometer semejante ofensa? Vale, reconozco que yo también he hecho alguna “limpia” en alguna ocasión, pero ha sido con alguna persona con la que apenas tenía relación, no hablábamos… y, lo más importante, nunca pensé que alguien pudiera hacerme esto a mí. Pensándolo bien, puede que alguien me haya borrado anteriormente sin que yo me haya enterado, pero… ¡qué shock emocional cuando te borran a ti y te das cuenta de ello! Y de una forma tan inesperada. Creo que la próxima vez que decida eliminar a alguien de mi grupo de amigos feisbukeros me lo pensaré un poco mejor.

Miles de cámaras velan por tu seguridad… ¿o no?

20 nov

En los últimos días son varias las personas que conozco que han sufrido algún tipo de robo en Londres. Se supone que es una ciudad segura porque al parecer hay miles de millones de cámaras situadas en cada esquina, pero la realidad es que da igual. En la era del “Gran Hermano” de George Orwell, con miles de cámaras que velan por tu seguridad, los ladrones y carteristas se las ingenian para que nadie pueda detenerlos. En cualquier caso, si nadie les coge en el momento y luego aparecen grabados en unas cámaras, ¿qué más da? No van a poder averiguar su identidad ni saber dónde encontrarlos.

La semana pasada fue una amiga la que se dio cuenta de que le faltaba la cartera cuando estaba en el autobús, en una de esas líneas y a esas horas que el transporte público está que revienta: es decir, a cualquier hora del día, porque aquí hay gente para aburrir. Al darse cuenta intentó tratar de averiguar quién a su alrededor podía haber sido el ladrón, pero nadie parecía saber cómo había ocurrido.

Hace unos días me enteré también, vía red social (los milagros de las nuevas formas de comunicación actual), de que habían entrado en casa de un amigo para robar cuando ninguno de ellos estaba dentro (menos mal, por otro lado).

El colmo ya lo he leído en el “Evening Standard” de ayer por la tarde: un “homeless” salva a una mujer que podía haberse ahogado en el río Támesis, y cuando vuelve  a por las cosas que había dejado en un banco antes de tirarse al agua para rescatarla ya no están. Le habían robado el abrigo y otros objetos que había dejado justo antes de convertirse en un héroe. Espero que al menos la chica rescatada, como muestra de gratitud, premie a este buen hombre con un nuevo abrigo porque con lo duro que es el invierno inglés…

Y nos quejábamos de la huelga de metro de Madrid

5 nov

Desde hace unos meses los trabajadores del metro de Londres están convocando huelgas para protestar por los despidos que quieren llevar a cabo. Si lo de Madrid fue un auténtico caos… ¿os imagináis lo que significa una huelga así en Londres? La última tuvo lugar el pasado miércoles 3 de noviembre. Aquí las huelgas del metro, como todo, se hacen de forma diferente. No hay servicios mínimos en toda la red de metro, sino que abren las líneas y las estaciones que les sale del mismísimo. Y lo mejor no es eso. Transport for London tiene una web donde indica qué recorrido poder tomar teniendo en cuenta las estaciones y líneas sin servicio. ¡TODO FALSO! Coges una línea y a mitad del recorrido te la cortan y tienes que cambiar. Luego llegas cerca de tu destino (a sólo dos paradas de tu casa) y en ese punto suspenden toda posibilidad de llegar en metro hasta tu barrio. Sales a la calle a buscar un autobús y están todos hasta la bola, claro. El otro día tardé en llegar a mi casa el doble de lo que tardaría habitualmente. Aunque hay amigos que lo tuvieron más complicado porque directamente tuvieron que ir enlazando autobuses de una punta a otra de la ciudad.

Afortunadamente, la próxima huelga que tienen prevista cae en domingo. Lo siento por aquellos que tengan que trabajar ese día porque lo van a tener más que difícil.

¿Somos tan diferentes?

29 oct

Hoy me he puesto a pensar en todas las diferencias que existen entre ingleses y españoles: cultura, horarios, forma de trabajar, de vivir, de relacionarse… pero, ¿realmente somos tan diferentes?

Desde hace algunas semanas en Leicester Square, en pleno centro de Londres, hay una feria como las españolas de toda la vida: con su tiovivo, sus “cacharritos”, sus casetas de tiro al blanco, las de perritos pilotos (bueno, aquí son otro tipo de peluches…), mismos colores, mismas lucecillas, misma música…

El sábado, mientras paseaba por Portobello Road, pasé por varios puestos de comida entre los que podías encontrar desde los típicos perritos calientes a los crepes, pasando por cosas tan españolas como churros o paella!!!

Y, no sólo eso, sino que desde hace unos días mi barrio, Turnpike Lane, parece Valencia en fallas… debe de ser porque en el Sansbury tienen los petardos a buen precio (no es broma, lo he visto hoy anunciado en el periódico por la mañana). El caso es que los chavalines del barrio llevan toda la p… semana tirando petardos de estos que van como corriendo por el suelo haciendo ruido y luego explotan. Hace dos días, una amiga mía estaba en su casa cuando de repente uno de estos petardos se estrelló contra la ventana de su habitación. Menos mal que no había salido a fumarse un cigarro ni a tender la ropa, que si no.

Las ferias típicas, los petardos, los conciertos… por cierto, que a estas horas debe de estar ya empezando el concierto de Rosendo en Brixton…

El caso es que, en el fondo, tampoco somos tan diferentes… ¿o sí?

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.